YO ENSEÑÉ EN LA CADELARIA

Hola a todos:

Separadas por el tiempo y muy distintas entre ellas, Candela se ha cruzado en mi camino tres veces. La primera hace 29 años, la segunda hace 18 y la tercera hace apenas un par de cursos.

Allá por el año 84 hice mis primeras prácticas, como estudiante de magisterio, en ese colegio. Tengo un excelente recuerdo de aquel mes, aproximadamente, que pasé en las aulas. Es difícil olvidar esa primera vez que uno se ve en el ambiente escolar de verdad. Debió ser lo suficientemente bueno como para que hoy día siga en lo mismo y lleve más de 20 años haciéndolo. Más de un profesor me acompañó en aquellos primeros pasos, pero recuerdo  y agradezco especialmente la ayuda de Gaspar, con el que estuve más tiempo.

La segunda vez Candela se me cruzó indirectamente, ya que fue mi hijo quien paso un par de años en sus aulas. Hablo de los cursos 95-96 y 96-97. Vivíamos justo detrás del colegio y era muy agradable cruzar Diego de Almagro, pasar al lado del Bar Tejero, bajar la cuesta y dejar al niño en la puerta de Educación Infantil. Le daba clase Carmina y tengo buenos recuerdos de aquellos cursos, probablemente más que mi hijo, que era muy chiquitín.

Por última vez volví al centro hace un par de años para un curso sobre manejo de la Pizarra digital que impartimos otro compañero y yo. Me sirvió para comprobar que el colegio sigue vivo y que los mismos ladrillos rojos tienen dentro cosas diferentes ahora pero, igual que entonces, tiene maestros dispuestos a seguir aprendiendo. Aunque Candela siga siendo una llamita analógica (que así sea muchos años, que el calorcito de las cosas reales es imprescindible) sabe encender también ordenadores.

Cualquiera sabe si me volveré a encontrar con ella a la vuelta de cualquier esquina, ojalá así sea, pero en cualquier caso deseo que Candela crezca y brille, que no pierda la chispa e ilumine por lo menos a otras cuarenta hornadas de zamoranos (y de los que no lo sean) más.
 
PEDRO NEVADO VIVAS

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